A quien conduce un coche eléctrico le preguntan a menudo cuánto tarda en cargar. No hay una respuesta única, pero con un par de reglas prácticas puedes estimar bastante bien el tiempo de carga.
Muchos fabricantes dotan a sus modelos de gama alta de baterías grandes para ofrecer mucha autonomía. Suelen incorporar también cargadores de a bordo más potentes, de 11 o 22 kW, de modo que en una wallbox doméstica pueden quedar al 100 % durante la noche. Los modelos más pequeños, en cambio, suelen montar baterías más contenidas y cargadores más lentos (p. ej., 3,7 o 7,4 kW). La potencia de carga es menor, sí, pero como la batería tiene menos capacidad, una noche normal de carga sigue bastando para dejarla llena.
En carga rápida, lo ideal es pasar del 20 % al 80 % en unos 20 a 40 minutos, que es la franja más eficiente. Los coches eléctricos más caros suelen montar baterías más capaces y tecnologías de carga rápida modernas, así que en cargadores de alta potencia (150 kW o más) pueden alcanzar el 80 % en menos de 30 minutos. En modelos más asequibles, la potencia máxima suele ser inferior —a menudo entre 50 y 100 kW—, por lo que esa misma carga se va más bien a 35 a 40 minutos.
A quienes se estrenan con un eléctrico suele sorprenderles que, con frío, el coche cargue más lento de lo esperado. La razón principal es una batería fría, que acepta energía con mucha pereza. Con temperaturas cercanas a 0 °C, hace falta un buen rato —varias horas de autopista a buen ritmo o precalentar— para que la batería alcance unos 30 °C o más. Solo con la batería caliente se logran velocidades de carga de 150 kW o superiores.
Otra sorpresa habitual para quien empieza es lo que tardan los últimos 20 %. A partir de alrededor del 80 % la velocidad de carga cae con fuerza, da igual lo caro que sea el coche o lo grande que sea la batería. Es así para proteger su vida útil: el sistema de gestión de la batería reduce la potencia para evitar sobrecalentamiento y daños en las celdas.
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