Las principales características de conducción de un coche eléctrico difieren en varios aspectos de las de un vehículo de combustión. Estas son las más importantes:
Los motores eléctricos entregan el par al instante, lo que se traduce en una aceleración rápida desde parado. Ofrecen una conducción ágil y con respuesta inmediata, especialmente en ciudad.
Los coches eléctricos son mucho más silenciosos que los de combustión, tanto por dentro como hacia el exterior. Resultado: una conducción más tranquila y agradable.
Al llevar las baterías en el piso, suelen tener un centro de gravedad más bajo. Mejora el manejo y la estabilidad, para una conducción más segura y estable.
Los eléctricos aprovechan la frenada regenerativa para convertir la energía cinética en electricidad y recargar la batería al decelerar. Cambia la sensación de frenado y ayuda a reducir el desgaste de los frenos.
Gracias a la fuerte retención del sistema regenerativo, algunos eléctricos se conducen sobre todo con el acelerador, usando menos el pedal de freno. Requiere un pequeño periodo de adaptación, pero puede aumentar el confort y la eficiencia en ciudad.
Por las baterías, pueden pesar más que un equivalente de combustión. Esto puede influir en el comportamiento, especialmente en cambios de dirección rápidos y en curvas.
La autonomía de un coche eléctrico depende mucho del estilo de conducción, la orografía y las condiciones meteorológicas. Conducir de forma eficiente puede alargarla notablemente.
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