La movilidad eléctrica tiene una historia larga y trepidante que empezó mucho antes de la fundación de Tesla y del auge de los coches eléctricos modernos.
La historia de la movilidad eléctrica se remonta a la primera mitad del siglo XIX. En 1827, el húngaro Ányos Jedlik desarrolló un motor eléctrico y, hasta 1890, surgieron numerosos inventos en EE. UU., Alemania y el Reino Unido en torno a los carruajes eléctricos.
A partir de 1890 comenzó la producción en serie de vehículos eléctricos, algunos capaces de alcanzar 20 km/h. En torno al cambio de siglo, hubo flotas enteras de taxis eléctricos. Sin embargo, con la llegada de los motores de combustión, que usaban gasolina barata y no sufrían las limitaciones de autonomía de las baterías, los coches eléctricos fueron perdiendo cuota a partir de la década de 1920.
Con la llegada de coches de gasolina asequibles gracias a la producción en cadena de Henry Ford (como el Model T) y la mejora de las carreteras, la demanda de coches eléctricos cayó en picado. Las baterías eran caras, pesadas y con baja densidad energética, lo que los hacía poco atractivos.
En los años cincuenta volvió a crecer el interés por los propulsores alternativos, casi siempre ligado a proyectos públicos de investigación. No fue hasta la crisis del petróleo y el auge del movimiento ecologista cuando el motor eléctrico regresó al primer plano. El rover lunar de la NASA, utilizado con éxito en las misiones Apolo, se convirtió en símbolo de la viabilidad de los vehículos eléctricos.
Durante los años ochenta se lograron avances en las tecnologías de níquel‑cadmio y níquel‑metal hidruro que hicieron más interesantes los vehículos eléctricos desde el punto de vista técnico. Aun así, no fue hasta mediados de los noventa, con el mandato ZEV (Zero Emission Vehicle) en California, cuando General Motors lanzó en serie el EV1, el primer modelo en décadas. Pese a los logros técnicos, se retiró del mercado en 2003.
En 2003 se fundó Tesla Motors, una empresa llamada a revolucionar la movilidad eléctrica. Con el lanzamiento del Tesla Roadster en 2008, el primer coche eléctrico con más de 320 km de autonomía, Tesla reavivó el interés por estos vehículos. En paralelo, el Toyota Prius, como híbrido, marcó un referente de movilidad eficiente.
En 2010, Nissan lanzó el Leaf, uno de los primeros coches eléctricos producidos a gran escala, mientras que Chevrolet presentó el Volt, un híbrido enchufable. En 2012, Tesla desveló el Model S, que por autonomía y prestaciones inauguró una nueva era. En 2015, a raíz del Dieselgate, Volkswagen anunció una ofensiva de electrificación. En esta década, China se convirtió en el mayor mercado mundial de vehículos eléctricos, impulsado por subvenciones estatales y un fuerte ritmo de innovación.
En 2020, la cuota de mercado de los coches eléctricos se disparó y muchos fabricantes como Volkswagen, BMW o Mercedes‑Benz anunciaron gamas 100 % eléctricas. En 2021, la Gigafactory de Tesla se convirtió en la mayor planta de producción de baterías de iones de litio del mundo. Los avances en baterías de estado sólido y en reciclaje aumentaron la sostenibilidad y la eficiencia de los vehículos eléctricos. En Europa, estrictos objetivos de CO₂ aceleraron la transición hacia lo eléctrico. Países como Noruega prevén el fin de los motores de combustión para 2035.
A partir de 2030, numerosos países y empresas planean prescindir por completo de los motores de combustión. Los vehículos eléctricos autónomos y su integración en soluciones de movilidad sostenible serán clave. Además, el foco estará en el reciclaje de baterías y en el uso de energías renovables para que la movilidad eléctrica sea neutral en CO₂ a largo plazo.
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