Si te asomas a los comentarios de noticias en redes, verás que se repiten los mismos reproches y mitos sobre el coche eléctrico. Aquí los reunimos y los ponemos a prueba.
La mayoría de conductores en Alemania recorre unos 12.000 km al año, es decir, unos 33 km diarios. Distancias que modelos actuales como el VW ID.3 o el Tesla Model 3, con autonomías de 300 a 500 km, cubren con total tranquilidad. Para ir y volver del trabajo, hay margen de sobra.
Con una red de carga moderna y un poco de planificación, las largas distancias no suponen un problema. Si aprovechas paradas inevitables —café, comida o baño— para recargar, el viaje apenas se alarga. La regla práctica de “pausa técnica + 10 minutos” funciona de maravilla para la mayoría de rutas. Además, muchos eléctricos superan los 400 km de autonomía, reduciendo los parones al mínimo.
En 2024 había en Alemania unos 146.000 puntos de carga públicos, y la cifra sigue subiendo. Como referencia, actualmente hay alrededor de 86.000 surtidores en 14.000 gasolineras. La red de carga rápida crece a buen ritmo, así que incluso en ubicaciones muy concurridas cargar es cada vez más fácil.
En cargadores rápidos puedes cargar la batería al 70 % en 10 a 30 minutos, suficiente a menudo para 200–300 km extra. Para muchos usuarios, además, la carga se hace “invisible”: por la noche en casa o durante la jornada laboral. En el día a día, el tiempo de carga rara vez es un problema.
El precio de compra suele ser mayor, pero los costes de uso son más bajos. Un eléctrico tiene menos piezas sometidas a desgaste y el “combustible” (electricidad) cuesta menos que la gasolina o el diésel. Aunque la batería puede encarecer reparaciones puntuales, en un térmico hay componentes caros como turbo, embrague, caja de cambios, inyección o catalizador. A la larga, el menor mantenimiento y consumo compensa la inversión inicial.
La batería es la parte más intensiva en energía y eleva las emisiones al principio, dependiendo mucho de la fuente eléctrica usada en fábrica. Aun así, los procesos modernos ya recortan hasta un 50 % esas emisiones. En la vida útil del coche, la conducción sin emisiones locales —y, mejor aún, con electricidad renovable— compensa con creces ese arranque.
Los eléctricos pasan los mismos estándares y pruebas de choque que los de combustión y son igual de seguros. Aunque un incendio de un eléctrico suele ser noticia, las estadísticas indican que los gasolina, diésel e híbridos arden de media veinte veces más. El riesgo no es mayor: es comparable o incluso menor.
Incluso con 1 millón de eléctricos, la demanda aumentaría solo entre un 1 y un 2 % en Alemania: algo asumible para la red actual. Con carga inteligente y gestión de potencia se reparte bien la energía, incluso si el parque crece con fuerza.
Estudios entre 2009 y 2015 muestran disponibilidad suficiente de litio, cobalto, níquel, manganeso y grafito para una electrificación global. Además, el reciclaje mejora año tras año y se investigan materiales alternativos. El contenido de cobalto ya se ha reducido notablemente y las nuevas tecnologías seguirán recortando la necesidad de materias primas.
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